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Gloria sin narrativa: El extraño caso de Alejando Olmedo

El 3 de julio de 1959, mientras el Perú todavía intentaba entenderse a sí mismo como país moderno, Alejandro Olmedo, un Arequipeño que pasó por las canchas del Club Tennis las Terrazas de Lima como recogepelotas de niño jugaba la final de Wimbledon contra la leyenda mundial del tennis Rod Laver. En 71 minutos de juego(6-4, 6-3, 6-1), Olmedo liquidó a Laver y se convirtió en el primer sudamericano en conquistar la “Catedral del Tenis”.

Tiempo después ganaría el Australian Open, el US Open y la Copa Davis representando a Estados Unidos (sin dejar de ser peruano), llegando a ser el mejor jugador del planeta. Décadas más tarde ingresaría al exclusivo “Salón Internacional de la Fama del Tenis” junto a leyendas como Laver, Bjorg, Lendl, Federer y Nadal.

A pesar de todo esto los Peruanos nunca lo llegamos a sentir nuestro. Cuándo se pregunta a expertos y conocedores por el tenista más exitoso de la historia peruana, salta inmediatamente el nombre de Jaime Yzaga. Si se menciona a Olmedo,saldrán de inmediato argumentos como que jugó para Estados Unidos, que no hizo su carrera en el Perú y otros más.

En lo estrictamente deportivo, no existe siquiera discusión. Ningún tenista nacido en el Perú tuvo los palmarés de Olmedo. Yzaga alcanzó el puesto 18 del ATP y construyó una carrera brillante. Luis Horna fue 33 ATP y ganó un Roland Garros en dobles. Sin embargo, ninguno fue 1 del mundo, ni gano 3 Grand Slams como Olmedo.

Las hazañas de Olmedo no llegaron al mundo de las transmisiones globales, las redes sociales y los streamings en vivo. Generar la narrativa de su éxito en la década de los 50s en el Perú, además de complejo desde lo comunicacional, generaba gran disonancia cognitiva frente al heroisimo peruano que nace desde la épica del sufrimiento y cercanía emocional con nuestros ídolos.

Los peruanos necesitamos sentirnos conectados emocionalmente con nuestros ídolos o referentes para legitimarlos. De alguna forma los incorporamos dentro de nuestra cotidaniedad y desde ella sufrimos, lloramos y festejamos “con ellos”. No son pocos los que se despiertan a las 5:00 a.m para ver los partidos de Ignacio Buse. “Nachito” es igual de peruano que Olmedo y que Yzaga. La gran diferencia es que Buse, Horna, Arraya e Yzaga estan instalados en ese imaginario colectivo peruano del cual Olmedo no forma parte.

La gloria de Olmedo ocurrió lejos en el tiempo, y lejos de la experiencia peruana. Nadie o casi nadie se emocionó hasta las lagrimas por sus hazañas o sus derrotas. Las sociedades en general rara vez convierten en mito aquello que no vivieron o sintieron emocionalmente cercano. Olmedo quedó atrapado en una zona extraña y a la vez sin salida: demasiado peruano para ser completamente estadounidense y demasiado estadounidense para convertirse en ídolo absoluto peruano.

Algunos aseguran que el problema fue que Olmedo se alejó mucho del Perú, de sus raíces, que prefirió brillar lejos de casa. Otros creemos que el problema fue que el Perú jamás aprendió a contar la historia de uno de los suyos, que llegó donde nadie jamás siquiera soño llegar.

Luis Eduardo Cisneros Méndez